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domingo, 9 de noviembre de 1997
Entrevista a Roberto Chediak: “La gente se enferma y muere de acuerdo a su clase social”
Por Martín Appiolaza, publicada en Diario Los Andes, 9 de noviembre de 1997.
Su utopía es terminar con la pobreza y entiende la política como un instrumento para, alcanzar la felicidad de los hombres. La medicina le mostro las enfermedades que produce la miseria. Frustraciones de un político. Discriminación.
Diferenciando la estabilidad monetaria del modelo económico, asegura que no alcanza con reducir la inflación y reclama una redistribución de los beneficios sociales. La utopía del , medico militante social y concejal Roberto Chediak es que se termine la pobreza. Mientras tanto, la vida y la muerte estarán condicionadas por la situación económica de los hombres.
En un permanente juego dialéctico, viaja de lo particular a lo general, intentando explicar la relación de un sarpullido con la pobreza estructural y el desempleo con la violencia social. En su doble rol de médico y militante social, encuentra las soluciones para los sufrimientos cotidianos en un cambio de la sociedad. Después de muchos años de ejercer la medicina en barrios pobres, ahora canaliza estas inquietudes a través de la política. Como socialista es miembro del Frepaso y espera ansioso la alianza con el radicalismo.
Cuando asumió como edil de Godoy Cruz, se alejó del centro de salud del barrio La Gloria, donde había formado una coordinadora que sumaba esfuerzos vecinales y religiosos para mejorar la calidad de vida. Este trabajo es la continuación de algo que empezó en 1964: "Era médico de barrio hasta que me fue a buscar la Triple A en noviembre de 1975". Llegó entonces el exilio, en Colombia primero y Costa Rica después. Convencido de los postulados dela revolución sandinista que en 1979 terminó con el régimen de la familia Somoza en Nicaragua, se inscribió en una brigada de salud para colaboraren ese país. "Fue una experiencia impactante, Cuando llegué a la frontera de Nicaragua, encontré colgado un cajón de lustrador donde decía: 'La revolución se ha hecho para que nunca más un chico tenga que lustrar botas. Era un período de mística revolucionaria.
-¿Cuándo comenzó el ocaso de esa mística?
- El bloqueo obligó a la sociedad nicaragüense a militarizarse, cerrando el proceso solidario de participación popular. Por ejemplo, un día fui a la Universidad de León para ver al vicerrector por un proyecto de investigación, pero no lo encontré porque estaba en la frontera como miliciano. En la guerra mataron a los cuadros intermedios y la dirigencia quedó aislada.
-¿Le sirvió su experiencia como médico de villas en Mendoza?
- Muchísimo. Estaba acostumbrado a trabajar sin medios. Yo soy pediatra, pero siempre he ejercido como médico de familia. Los años me enseñaron a rescatar la relación con la persona, más allá de los adelantos técnicos: si no entendés a la gente no la podés curar.
- ¿Cómo era su trabajo antes del exilio?
- Los sábados iba gratis al barrio Flores, donde también trabajaba el cura Macuca Llorens. Allí se hacía de todo: tenías que ocuparte del agua, la basura y la fiebre de un chico. Entender la relación de la salud con la calidad del trabajo, la alimentación, la pobreza y el desempleo, era fundamental para encontrar soluciones. Esa experiencia me hizo comprender los aspectos sociales de la medicina.
- ¿Hacían militancia social?
- Estábamos inmersos en un proceso de luchas sociales. Nuestro trabajo estaba vinculado con el auge de los movimientos sociales, que tenían clara dimensión política. Por ejemplo, el trabajo de Llorens no podés reducirlo a la formación de cooperativas, sino que le estaba dando una nueva dimensión a la participación social. Con el tiempo, la gente logró entender que la salud se conseguía con algo más que una visita a un consultorio.
-¿Por ejemplo?
- En una época, muchos niños padecían enfermedades de la piel. Vivían rodeados por animales en un lugar muy sucio. Les propuse alejar los caballos, pero se negaron porque ese era su medio de vida. Llegamos a un pacto: durante un mes sacaron los caballos, pero si los chicos no se curaban, los devolvían. Dio resultado y al poco tiempo se acabaron las enfermedades.
- ¿Hoy sigue ejerciendo de la misma manera?
- Estoy un poco alejado, pero hasta hace poco estuve trabajando en el centro de salud del barrio de La Gloria. Allí me puse en contacto con el cura Jorge Contreras y formamos una coordinadora junto a las señoras del barrio, las monjas y la unión vecinal. Siempre me he sentido identificado con el trabajo social, pero no coincido con los que quieren estar con los pobres buscando una manipulación política que beneficie al gobierno.
- ¿Cuál es la diferencia?
- Yo quiero estar con los pobres pero quiero que no haya más pobreza. Esa es la diferencia: no hay que glorificar a la pobreza, hay que eliminarla. Hoy, a los que dicen que se murieron las utopías, les contesto que terminar con la pobreza es técnica, económica y humanamente posible. Esa es mi utopía.
- ¿Qué secuelas deja la pobreza, que se ha incrementado durante los últimos años?
- La existencia de la pobreza explica muchas cosas que están pasando en nuestra sociedad. Por ejemplo, la violencia está relacionada con la desocupación, el abandono infantil y el maltrato. Tenemos dos sociedades: una con enfermedades del primer mundo; la otra, sufre los problemas primitivos como el hambre, la desnutrición, la falta de protección familiar y vivienda.
- ¿Quiénes resultan más perjudicados?
- Todos, pero los que más sufren este modelo son los adolescentes rechazados en los empleos por vivir en barrios urbano-marginales. Se está produciendo una estigmatización de la pobreza. Creo que se puede eliminar la violencia diseñando una sociedad con solidaridad, ética, trabajo, vivienda y protección.
- ¿Los niños también resultan discriminados?
- Claro. Por ejemplo, las vacunas contra la meningitis, la hepatitis A y B, la rubéola y la papera, se colocan a nivel privado y son caras. Por este impedimento económico, en los consultorios privados las recomendamos, pero a los pobres les decimos que no hacen falta. Existe mucho cinismo. Mientras tanto, siguen las diarreas, la disminución de la talla, el bajo peso al nacer. No hay duda: la gente se enferma y muere de acuerdo a su clase social.
- Todo comienza al nacer…
- Claro. En los abortos, mueren las madres en los sectores sociales más desprotegidos. Simultáneamente aumentan las madres solteras. La gente rica tiene acceso a los programas de planificación familiar, pero los pobres son. Los médicos a veces tienen una doble morar: a nivel estatal no quieren hacer planificación familiar argumentando convicciones religiosas, pero la hacen a nivel privado… Yo conocí a una madre que intentó suicidarse con sus dos hijitos. Me confesó que había tomado esa determinación porque la otra alternativa era prostituirse. Me contó que le lastimaba el llanto de hambre de sus hijos.
- ¿Como concejal no siente impotencia ante estos casos?
- Siento frustración. Es que la realidad supera ampliamente mi capacidad de decisión. La gente me visita todos los días pidiendo trabajo o diciendo que no tiene para sacar el documento de identidad. Las soluciones que puedo ofrecer son minúsculas y no modifican lo suficiente la realidad. La solución está en los niveles superiores, donde pueden cambiar el rumbo del modelo económico.
- ¿Qué le critica al modelo?
- Glorifica la competitividad, el eficientismo, el mercado. No estoy en contra de la paridad cambiaria, pero la estabilidad no alcanza. Ha generado un modelo cultural, el del menemismo, farandulizando la política y minimizando los contenidos. Se vive de las encuestas y las imágenes. Insisto, el modelo es mucho más que la paridad, hay que tener en cuenta las consecuencias. El cambio sin anestesia que anunció Menem, produjo la muerte de muchísimos argentinos, la desocupación de millones. Con el cambio aumentó la desnutrición, que provoca más discapacitados psicosociales. Esos niños, que no alcanzarán un desarrollo cerebral normal, dentro de algunos años tendrán problemas de aprendizaje, las escuelas no les darán lugar, no tendrán un oficio y serán estigmatizados.
- ¿Estas actitudes general el descrédito de los políticos?
- Claro, por eso creo que tenemos que remontar la cuesta y darle otro sentido a la política. La función del político es diseñar una sociedad que haga feliz a la gente. Alfredo Palacios decía que la comarca más rica es la que tiene seres humanos bien nutridos, felices y dichosos. Hoy se ha puesto la política al servicio de la economía: ya no se habla de seres humanos, sino de abonados, usuarios, contribuyentes y consumidores. Han cosificado a las personas y le han dado vida a las bolsas de valores. Esto produce una deserción de los intelectuales, dejándole un espacio a los que tienen el cuero más duro y utilizan metodologías non sanctas. Hay que revitalizar la política desde abajo. Tenemos que preguntarnos qué rol le damos al país en este mundo globalizado, qué rol le damos al Estado.
Internas
Forma parte del Frepaso, que duplicó la cantidad de concejales en su departamento. Con miras a la conformación de la Alianza en Mendoza, los dirigentes de su partido han sugerido la posibilidad de estrechar fuerzas con el Partido Demócrata.
- Resulta difícil imaginar a un socialista aliado con demócratas…
- Hay que conseguir pluralidad. Hay que balancear, hacer debates y acuerdos que no sean negocios. Yo puedo coincidir con militantes de base peronistas, radicales y demócratas, pero a veces nos separan otros niveles dirigenciales. Por eso, la Alianza es un paso hacia adelante para ir construyendo. Podemos convivir institucionalmente.
- ¿Quiénes son los responsables de que no se hiciera la Alianza en Mendoza?
- No hubo tiempo, pero se hicieron esfuerzos hasta último momento. Creo que hubo responsabilidades compartidas y nos faltó a todos un poquito de grandeza. Quizá no supimos presionar desde los niveles intermedios, para que se hiciera la Alianza. Sin embargo, fue una buena elección para todos.
- ¿Qué candidatos aliancistas le gustarían para la presidencia?
- Hay otras prioridades. Tenemos que privilegiar un espacio, un proyecto político y una metodología que nos permita el encuentro. Hay lugar para otros sectores progresistas que pueden sumarse, tenemos que abrir espacio a cuerpos técnicos independientes. Nos tenemos que poner de acuerdo en el diseño de la sociedad.
domingo, 7 de septiembre de 1997
Entrevista a Arturo Andrés Roig: “Servicios como la educación, el Estado no debería abandonarlos”

Arturo Andrés Roig es filósofo. Pero un filósofo de verdad, lo que equivale a decir un pensador. ¿Y sobre qué piensa Roig? Desde un rincón perdido de Mendoza trata de encontrar al hombre latinoamericano. Un hombre de carne y hueso desde el cual filosofar. Porque Roig no quiere hacer cualquier filosofía, sino lo que él llama “filosofía latinoamericana”, que es una manera peculiar y al mismo tiempo universal de ver el mundo.
Su currículum impresiona, pero lo que más admiración causa es que sus alumnos, muchos de ellos hoy doctores y catedráticos de filosofía, lo aman como a un maestro. Como a esos maestros que son reflejo de un Sócrates que renace en cada interrogación, en cada búsqueda, en cada reminiscencia de un saber olvidado pero latente.
Nació hace 75 años. Con una lucidez intimidatoria evoca su niñez, analiza el presente –por demás complejo- y proyecta un futuro para el subcontinente, que lo colma de optimismo. Las formas hablan más de las personas que muchas palabras: con incombinables pantalón de vestir, camisa escocesa y un salto de cama, el filósofo interrumpe la escritura de un prólogo para un libro, que le pidieron desde París y se dispone a responder preguntas.
- ¿Qué imagen de su niñez tiene más fresca?
- Me recuerdo en relación con la campiña. Mi padre era pintor (Fidel Roig Matons) y le gustaba pintar la naturaleza de forma directa y con mis hermanos lo acompañábamos en los viajes. Conocimos bien los alrededores de la ciudad, frecuentados por los primeros pintores que salían de la Academia de Bellas Artes. También lo acompañamos cuando pintaba las Lagunas de Guanacache o en la cordillera.
- ¿Era de hacerse la sincola, la rata?
- Bueno, sí. Cuando jóvenes nos escapábamos del Colegio Normal y nos metíamos en algún boliche para jugar nuestros partidos de billar, como han hecho todos los chiquillos. Pero no éramos chiquillos traviesos, porque mis padres no nos dejaban salir mucho a la calle. En ese aspecto fueron muy estrictos, nos han dado una formación lo más sólida posible.
Orígenes
Arturo Andrés Roig tiene una risa profunda y contagiosa. Es una risa sincera que se despierta con cada juego de intertextualidad, con cada concepto contundente expresado con sutil complejidad.
Este hombre, que parece hecho a la medida para hacer de abuelo en un cuento de hadas, tiene una de las bibliotecas más abundantes de Mendoza. En el comedor hay estanterías repletas de textos clásicos; en la escalera otro mueble saturado de libros; y en su estudio, hay pocas cosas que no sean libros. Gran sorpresa: “Estos no me caben en la pieza que hice construir en el fondo, donde tengo la biblioteca”.
Muchos son textos únicos, recolectados durante sus estudios sobre la historia intelectual de Mendoza.
-¿Qué determinó su interés por conocer cómo se pensaba en la Provincia en otros tiempos?
- Pienso que fue promovido por las ideas que predominaban en mis años juveniles, cuando despertaba interés por lo regional. En aquella época llegamos a tener una corriente literaria que se consideraba regionalista. Entonces, Ricardo Tudela comenzó a incorporar la montaña en la poesía, dándole un profundo sentido de lo regional. Por otra parte, desde la Universidad Nacional de Cuyo, también se adhería a esas ideas.
- ¿Tenía un componente nacionalista ese movimiento?
- Por supuesto. El nacionalismo tomó cuerpo en los años ’40. Sin ir más lejos, el peronismo tiene mucho de nacionalismo. Pero era un nacionalismo bastante dinámico, que veías a la región como parte de la nación y la nación compuesta por regiones particulares.
-¿Cuándo se alistó en la filosofía latinoamericana?
- En la década del ’50 conocí a Leopoldo Zea. Me pidió dos listas de temas para dictar conferencias. Preparé una de filosofía antigua y otra sobre pensamiento latinoamericano. Me contestó que estaba obligado a conocer la primera y que le interesaban los temas de pensamiento latinoamericano. Fue una gran lección.
-¿Está superada la Teoría de la Dependencia , que tanto auge tuvo en los años ’70 y lo tuvo a usted como uno de su pensadores?
- La problemática de la dependencia no ha desaparecido. Ahora, es necesario rehacer esa teoría. Desde los ’80, se están reformulando las nuevas variables, pero todavía no hay una escuela tan bien definida como en los ’70.
- ¿Qué ha quedado?
- Países que pretenden ser libres e independientes y que los estados se preocupen por los humildes. Es necesario llegar a una forma de vida comunitaria donde seamos actores de los grandes principios de la democracia y la igualdad en un sentido humanitario. No hay que esperar la temida revolución. Hay que avanzar pacíficamente.
-¿Cuál fue la conexión entre la teoría de la Dependencia y la Teología de la Liberación ?
- La Teología de la Liberación era un resultado de la teoría. Todo nace con las primeras lecturas sin compromiso partidario del marxismo en el continente. La Teología es fruto del diálogo entre teóricos y sacerdotes. Esto ha provocado grandes polémicas.
Identidades
Es difícil condensar en palabras el peso intelectual de Arturo Roig.
Desde un a casita en la calle Guayaquil de Dorrego, irradia pensamientos que son solicitados y estudiados en distintas partes del mundo. Pero este exponente lúcido de una corriente de pensamiento original, también se ve obligado a tomar partido en un enfrentamiento irresoluble: Boca o River.
-¿A qué dedica el tiempo libre?
-Eso es difícil de responder. Con prejuicio, se piensa que la lectura es para las horas de descanso. Yo me pregunto con qué lecturas descansa alguien que tiene como profesión leer. Aunque no tengo casi momentos de reposo, produce placer leer, aún cuando tengo obligación de hacerlo.
-¿No le gustan los deportes?
- Hemos sido educados muy al margen de lo deportivo. En contraposición, hemos tenido un contacto permanente con la naturaleza. No hacíamos equitación por deporte, pero sí para andar y para ver, que también es una forma de poner en juego la corporeidad.
-¿Y con el fútbol cómo se ha llevado?
- Bueno, últimamente mis nietas me han obligado a ser de Boda o de River, según el caso. Me resulta muy difícil tomar posición, porque la familia está dividida.
-¿A qué atribuye el retorno de los mendocinos al cine?
- Hay un avance de la sociedad civil, a pesar de todas las amenazas del neoliberalismo contemporáneo y los problemas laborales que genera. Sin embargo, hay una respuesta muy activa y creativa de la sociedad. Hay muchas manifestaciones espontáneas de conjuntos de personas que se sienten unidos ante una película o un rockero.
-¿La política económica aplicada en el país, ha generado este fenómeno?
- La influencia del menemismo en el país es difícil de definir. Hay un sector social al que pertenezco, que se despierta asombrado todos los días preguntándose cómo fue posible que lo votaran por segunda vez. En muchos casos es difícil creerle a los que dicen “yo no los voté”.
-¿La globalización puede eliminar identidades?
- La globalización tiene aspectos negativos, pero no llegan a ser tantos como para que destruyan manifestaciones de identidad.
-¿Tampoco atenta contra la identidad latinoamericana?
- No, porque las comunicaciones espontáneas entre los sectores sociales de diversos sectores marginados, se mantiene viva y muy fuerte. Un caso interesante es el reconocimiento de la población boliviana en Mendoza. De pronto dejó de ser considerado un sector social indeseable, para pasar a tener un reconocimiento cultural de esa comunidad y se los integró.
-¿Cómo se llega a ese reconocimiento?
-Es un autorreconocimiento de las diferencias regionales de toda América Latina. Este fenómeno se repite en Chile, en Bolivia, en Perú. Se está produciendo una reintegración latinoamericana, a través de estas poblaciones que se descubren a tratan de de dibujar su propia identidad.
-¿El problema de los zapatistas, tiene conexión?
-Responde a los fenómenos de este autorreconocimiento de una identidad cultural que se está produci8endo en todo el continente.
-¿Otros ejemplos?
- En Ecuador, la población quechua reclama ser reconocida como una nacionalidad. En Perú, pasa lo mismo. La enorme población indígena americana, que ha ido creciendo en silencio, descubrió que sus formas de identidad cultural son herramientas de defensa. Les sirve también para reclamos económicos: los zapatistas son una respuesta a la injusticia social, ante una sociedad capitalista injusta, con las desigualdades aterrorizadoras que trae este neoliberalismo.
-¿Qué cambios produjo en el continente?
- Fundamentalmente, dejó una experiencia social y política muy importante para el continente y una lección para los gobiernos. Lo de los zapatistas se va a repetir en cualquier momento.
-¿Una conclusión?
- Las sociedades van cobrando conciencia que los derechos humanos son una realidad tangible, eso está relacionado con una actitud emergente de defensa de lo propio. Las grandes masas pasivas, como parecían ser los indígenas después de la conquista, no existen. Se está rehaciendo esa historia que nos quiso hacer creer que hubo sectores que quedaron en la sombra. Ahora entendemos que no desaparecieron.
En el mundo
Roig encarnó un vía crucis argentino. Víctima de la intolerancia, de la ignorancia y de la estupidez, fue perseguido y despojado de la cátedra. Sus alumnos siguieron su destino y tuvieron que esperar a que la democracia comenzara a instalarse en la Argentina para volver a las cátedras y reivindicar su pensamiento original. Afortunadamente, a pesar del éxito que tuvo en universidades extranjeras y en instituciones de investigación científica y filosófica, Roig prefirió volver para rehacer sus vínculos, para enseñarnos a ver a la Argentina desde Latinoamérica. Pero no desde un pensamiento latinoamericano acotado y pequeño, sino desde la generalidad, desde la grandeza y desde la miseria de la filosofía.
-¿Favorecerá a Mendoza el Mercosur?
- Mendoza tiene una situación de privilegio en el MERCOSUR. Ha encarado medidas para integrase. Un ejemplo: la orientación hacia la producción de vinos de calidad, para competir internacionalmente.
-¿No hay riesgo de que el Mercosur se agote en un mercado común, donde sólo se beneficien empresas?
- El Mercosur depende de estructuras de tipo económico y comercial, que deben ser refuncionalizadas y trabajadas en su propia estructura. No sólo se trata de que las empresas se enriquezcan. Hay que pensar en cómo van a ser las formas de reparto de las ganancias. Si va a funcionar contra los pobres, será negativo. El Estado tiene que intervenir, no puede ser pasivo, tiene que jugar un papel importantísimo.
- ¿Esto no va contra la tan mentada modernización del Estado?
- No. Ha habido varias modernizaciones del Estado en la historia. Ahora estamos viviendo una nueva modernización con su etapa crítica. Tenemos que tomar conciencia de cómo queremos que sea modernizado el Estado en función de los intereses nacionales.
- Este tema está generando un conflicto en Mendoza. En nombre de la modernización del Estado se propone la transferencia de organismos culturales a sectores no gubernamentales. ¿Qué opina?
- El problema es complejo. Por un lado, se dice que el Estado debe desprenderse de instituciones de servicio. Pero los museos y la educación son servicios. Aquí entramos en una disparidad de obligaciones. El Estado tiene servicios que cumplir a los que no puede renunciar. Un Estado que se ocupa de todos los servicios, es probable que no dé abasto. Sin embargo, hay servicios como la educación que el Estado no debería abandonar.
¡Pobre ciencia!
-¿En qué estado está la investigación científica?
- Se está viviendo un proceso de reestablecimiento. Las universidades están saliendo del tremendo impacto que tuvieron durante la dictadura, cuando fueron militarizadas y convertidas en cuarteles. Lamentablemente el Estado no aporta dinero suficiente.
-¿Qué pasa con el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas?
- El gobierno de Menem ha sido sumamente negativo para el consejo. Hubo una sucesión de directores que lo hundieron hasta un límite increíble. Faltó poco para que fuera eliminado. Felizmente, estamos en una etapa de reversión. El Consejo está adquiriendo nuevamente posibilidades de desarrollo, aunque no creo que sean muchas porque padecemos problemas de tipo económico muy fuertes.
Arturo Roig ha publicado más de 20 libros y unos 300 artículos en revistas internacionales. Dio clases en la Universidad Nacional de Cuyo, en la Autónoma de México, en la Católica de Ecuador y en la Central de ese país. Investiga o investigó para la FLACSO , el CONICET y el CRICYT. Es profesor honorario de la Universidad Andina de Quito, de la de Comahue (Neuquén), doctor honoris causa de la Nacional Autónoma de Nicaragua y visitante ilustre de la Universidad de Las Villas (Cuba). Ecuador le otorgó la Condecoración al Mérito Cultural y el gobierno de ese país lo designó Miembro de la Orden Nacional “Honorato Vázquez”. Estos son algunas de sus distinciones y ocupaciones.
domingo, 13 de julio de 1997
Entrevista a Ángel Bustelo: "Lo importante de la cultura es que llegue a las masas"
Martín Appiolaza, Diario Los Andes, 13 de julio de 1997
Incluso los que no comulgan con sus convicciones ideológicas, reconocen en Bustelo un personaje medular de la actividad cultural y política, de la Mendoza de los últimos 70 años. Amigo de Tejada Gómez y Neruda, de Marianetti y Adolfo Vicchi, de Asturias y Bufano, de Guillén y Di Benedetto, es capaz de enhebrar las anécdotas de esa raza de quijotes extinguida.
La voz suena desgajada a fuerza de mítines. Una voz que fluye desde un valle interno, un paraje donde las arengas todavía reverberan. Es una voz visceral. Subterránea. Cóncava. Cuando habla, Ángel Bustelo libera un manto de niebla que se expande lento, cubriendo todo, colándose entre los muebles, las ropas. Es una voz material, capaz de construir en minutos un mundo de quijotes y asesinos, de caballeros y traidores, de utopías que pelean cuerpo a cuerpo contra mezquindades y engaños. Al margen de sus convicciones políticas, Bustelo puede ser rescatado como un alma abierta que supo priorizar su relación con los hombres sin distinguir ideologías. Un ejemplo fue su amistad con el dirigente conservador Adolfo Vicchi.
En una pieza amurallada por cuadros y fotos de amigos, Bustelo aprovecha la primera pregunta para generar una atmósfera irrespirable para los escépticos. La poca luz que se cuela por una ventana a medio abrir, lo descubre con un escritorio delante y cientos de libros (dedicados por sus autores) detrás. El olor de las milanesas que están friendo en la cocina, anuncia el mediodía.
Ángel Bustelo, el “viejo” Bustelo, el militante comunista, el político, el amigo de Benito Marianetti, el escritor, explica por qué las esperanzas no se le agotaron, ni ahora, con casi 88 años:
“Piense en el hombre de las cavernas, en cómo tenía que luchar para sobrevivir, en lo azarosa que era su vida... sin embargo empujaba por amor a la vida. Por eso seguimos andando. La mayor parte de la gente ama la vida, salvo un pequeño grupo que en la sociedad siempre ha tenido un papel nefasto, la vida sigue avanzando. Todos empujan y sobre todo los trabajadores, la gente más pegada a la vida y a la naturaleza” -despunta, con un tono monocorde que va in crescendo-.
“Hemos llegado a un momento en que los progresos son muy grandes, pero se han olvidado del hombre. Pero ese hombre postergado está pechando más que nadie y es el que los tiene trastornados a todos estos señores que andan buscando peritos para poder seguir viviendo su vida de crápulas y de usurpadores de la vida. Ahí está mi esperanza, que es la esperanza de miles y millones de personas.”
Casi deletreando, dispara las últimas palabras contra un punto perdido en la pared. El detonante fue una pregunta sobre el título de su último libro: “Penúltima página”. Con un ejemplar flameando en la mano, explica que no es una despedida, más bien un “continuará”, como en las historietas: “Porque he sido en mi vida un hombre esperanzado, encontrar este nombre me ha parecido bien”.
- Se dice que la caída del Muro de Berlín es el parte de defunción de las ideologías...
- Al Muro de Berlín lo derribó la propia gente, ya sea de un lado o del otro, porque se había levantado en un momento en que tenía una justificación. Es cierto que el socialismo cometió errores, pero fueron de los hombres, no de la doctrina. Eso no quiere decir que derribado el Muro de Berlín se terminó con el socialismo. Hoy, las masas están en movimiento hacia una sociedad más justa, donde reine la verdad y donde no anden todos a las escondidas.
Entre Yrigoyen y Lencinas
Sobre el escritorio tiene la computadora que le ayudó a parir “Penúltima página”, recién editado por el sello local Canto Rodado. El libro es una selección de escritos. Quedaron muchos afuera (¿para una segunda parte?), desparramados por la pieza. Son textos cortos que evocan personajes o relatan anécdotas, son ochenta y pico de años de historia, tamizados por los caprichos de la memoria. Por ejemplo:
- ¿Cómo recuerda a Carlos Washington Lencinas?
- Era un tipo progresista, un gran político. No llegué a tener trato personal con él, aunque compartimos un viaje en tren, cuando volvía de una gira por Brasil. Mi conciencia política se despertó un poco después. Me acuerdo bien del 6 de septiembre de 1930...
- Ese día fue el golpe de Estado contra Yrigoyen, ¿no?
- Claro. Yo estaba estudiando en La Plata y habíamos ido con una comisión a Buenos Aires para pedir cambios en el gobierno, pero no una revolución y menos de derecha. Vi cuando pasaban los cadetes frente a la confitería El Molino. Estuve cuando quemaron la casa de Yrigoyen, que quedaba en la calle Brasil, cerca de la estación Constitución. Yo iba a tomar el tren de vuelta a La Plata y vi cuando le quemaban la casa, eran los de la Liga Patriótica Argentina. Salvé un libro que se estaba quemando y me persiguieron hasta que llegué a la estación...
Un resfrío mezclado con un poco tos, se empeñan en interrumpir el diálogo. Bustelo se compone con un trago de soda, pero cuando está por retomar, suena el teléfono. Esta vez es Bianchi, el de las bodegas, dice que está enloquecido con el libro y que mañana va a traer unas botellitas para brindar. El llamado anterior había sido de Horacio Guarany, el folklorista, el de “Si se calla el cantor”, un viejo amigo de asados y trasnochadas. Dijo que el libro lo había impresionado porque “vos decís las cosas, Angel, las decís bien, pero las decís para las gente y sin disminuir el lenguaje”.
Guillén y Benedetti
De nuevo a la charla. Bustelo, el poeta, el hombre viejo, el memorioso, vuelve sobre su vida. En loúltimos años se lo ha instalado en el rol de historia viviente mendocina y Bustelo aprovecha para contar a rienda suelta. Una foto que se tomó en Roma con Marianetti, lo demora evocando a su amigo: “Hablar de un genio en pocas palabras es imposible. Fue un político de la talla de Lisandro de la Torre , pero los conservadores le impidieron llegar... Me acuerdo que Nicolás Guillén se quedó impresionado con Benito...”
- ¿Fue cuando le escribió “El señor de los cerezos en flor”?
- Sí. Benito era un caballero. Una vez, Guillén lo vio llegar, bajarse del auto y sacarse el sombrero para darle la mano a Valentín, el obrero negro que trabajaba en ``Las Nerinas’’. Eso fue lo que inspiró a Guillén. Yo me hice muy amigo de él. Vino a Mendoza en una época en que lo echaban de todos los países. El gobierno de Frondizi le dio un permiso de noventa días y se quedó aquí dos semanas. Me acuerdo que íbamos al lago del Parque y él me pedía monedas chiquitas y las tiraba al agua, para que el agua y la tierra lo retuvieran, según una tradición negra. A cada rato “mira chico, dame una monedita” -dice imitando al escritor cubano, mientras desentraña de la biblioteca un libro que Guillén le dedicó.
Cerca de la foto con Marianetti, hay una imagen de Pablo Neruda. Bustelo lo vio en varias oportunidades, pero la anécdota más divertida surgió de un desencuentro:
- En “Vida de un combatiente de izquierda”, usted cuenta que intentó rescatar a Neruda. ¿Cómo fue eso?
- Yo era diputado. Me llamaron de Chile y me dijeron que me esperaban en la frontera. No dijeron nada más. En esos día había habido un golpe en Chile y salía en todos los diarios que lo estaban persiguiendo a Neruda, entonces pensé que el llamado tenía que ver con eso. Cuando llegamos, estaba cerrado el paso. Me presenté como diputado y nos dejaron pasar. Cuando llegamos al hotel “El Portillo”, me bajé a ver. No había nadie. Le pregunté al conserje sobre las novedades: “¿Qué anda pasando con Pablo Neruda, que es mi amigo, no ha andado por acá?”. Un tipo de los servicios me escuchó y lo pesqué pidiendo instrucciones a Santiago. Esperamos un rato a ver si venían y nos fuimos. Esa fue mi gran oportunidad para pasar a la historia.
- ¿Cómo sigue?
- De vuelta, fui a LOS ANDES a poner un aviso fúnebre. Me encontré con mi amigo Edmundo Moretti, que trabajaba en la parte de telegramas. Me mostró un cable que habían recibido de una agencia de noticias, que decía que yo había ido a Chile y había generado un problema internacional. “¿Qué hacemos con esto Angelito?”, me preguntó. Al final no se publicó.
Scalco y la Interpol
Habla como escribe, reconstruyendo la historia a partir de las vivencias. Las milanesas se enfrían, pero Angel Bustelo, el Bustelo candidato presidencial, el amigo de Carlos Alonso y Julio Le Parc, estuvo preso con casi todos los gobiernos de facto. “Yo los molestaba todo lo que podía, entonces, cuando caía, se las cobraban todas juntitas”, se divierte a la distancia de los años de cárcel. Un ejemplo: cuando desorientó a los policías que quería capturar al pintor Juan Scalco.
“Yo estaba preso en la Policía Federal de Mendoza, porque me habían iniciado un juicio por desacato a Onganía. Lo veo pasar a Scalco que también lo habían detenido. Habían pasado 15 días y nadie sabía nada de él, porque se pasaba semanas encerrado pintando. Cuando recuperé la libertad, asumí la defensa...”
Angel Bustelo, distinguido en 1990 como ``Ciudadano ilustre de Mendoza’’, ha publicado: ``Alfredo Bufano, El montañés que vio el mar’’ (1981), ``Un muchacho de provincia’’ (1983) que obtuvo el premio de la Sociedad Argentina de Escritores, ``San Rafael de sus amores’’ (1985), ``El silenciero cautivo’’ (1988), que relata los meses compartidos en prisión con el escritor y periodista Antonio Di Benedetto, ``Duende y pólvora’’ (1990) y ``Vida de un combatiente de izquierda’’ (1992).
domingo, 13 de agosto de 1995
Entrevista a Rodrigo Fresán: "Una novela con teoría es como un regalo al que se le deja el precio”
Por Martín Appiolaza, publicada en Diario Los Andes el 13 de abosto de 1995
No es un escritor joven, pero tampoco es viejo. Siente aversión por las clasificaciones. Hijo de intelectuales de clase media, desde muy temprano siguió un camino que lo llevaba a cumplir el sueño más preciado: contar historias. “El escritor es una especie de médico brujo de la tribu. Su medicina está en los cuentos: pasajes en banco para imaginar. Además, “es lo único que sé hacer”, confiesa
Biografía de solapa. Rodrigo Fresán nació en Buenos Aires en julio de 1963. El día que festejaba su cumpleaños número treinta y uno, arrancaron de cuajo el edificio de la AMIA. Desde mediados de los ’80 ha ejercido el periodismo en medios tan numerosos como aparentemente irreconciliables: crítica de libros, aspectos literarios y cientificistas de la gastronomía, biografías de segundones del cómic y polémicas postales del ghetto rockero. En la actualidad escribe para Página/12.
Agreguemos que prefiere escribir de mañana. Editó su primer libro de ficción, “Historia Argentina”, a los 27 y vendió 14.000 ejemplares. Le siguieron “Vida de Santos” y “Trabajos manuales” con repercusión decreciente.
En un descanso, después de entregar a la editorial su primera novela, se produjo el diálogo. El lugar: un cafetín de Buenos Aires, con poca luz e impregnado de olor a café de oferta.
Génesis del escribidor
Siempre quiso ser escritor, pero a veces con la vocación literaria no alcanza. Rodrigo nació con algunas ventajas. “Tuve la mala suerte de nacer en la Argentina , pero la buena de que mi padre era intelectual del Di Tella y mi madre psicoanalista. Recuerdo perfectamente en el living de mi casa a Rodolfo Walsh, García Márquez o Cortázar. La biblioteca en mi casa era algo tan importante como la heladera. Siempre me regalaron libros y nunca una pelota número cinco. Por suerte…”
Como Superman, desde pequeño empezó a mostrar sus virtudes: “En las composiciones me sacaba muy bien diez”
Pero en la feliz historia de una pareja con un hijo que quería ser escritor hay una mancha indeleble. “Me secuestraron y después me canjearon por mi vieja. Fui a buscar los libros a mi casa y estaba el departamento tomado. Vivimos en Venezuela, donde hice parte de la secundaria. Cuando volví, se habían perdido mis papeles. Por eso tengo sólo 5 años de primaria. A la fuerza, tuve que hacerme una profesión”.
Generación X
Fresán no permite que se lo encarcele con etiquetas literarias. La pregunta detonante es: ¿se puede hablar de una nueva generación de escritores argentinos? “Supongo que se puede hablar de una nueva generación, porque la crítica lo hace todo el tiempo. Pero, para serte muy sincero, ese no es mi interés primordial. Cuando me pongo a escribir no pienso que estoy dentro de una generación, que tengo tantos años, bla bla bla… El tema del escritor joven es una argucia que la academia y el periodismo arman para simplificar un fenómeno cultural. Por ejemplo, Hemingway y Fitzgerald nunca dijeron “somos la generación perdida” ¿Por qué hay que ponerle una etiqueta o teorizar todo” Una novela con teoría es como un regalo al que se le deja el precio. A mí, me interesa contar una historia que empiece, termine y produzca algo”.
Escritores jóvenes
El autor de “Vida de santos” dispara contra otra etiqueta: los escritores jóvenes. “No me siento dentro de ninguna generación, ni creo que la edad sea determinante. En la Argentina te ponen una etiqueta y no te la sacás más. Me preocupa que la gente las asimile tan fácilmente porque eso tiene que ver con el conformismo, con no leer ni pensar que es realmente. No creo que la gente joven escriba diferente a los mayores. No creo que la escritura mejores o empeore con la edad. Muchas veces leo a Bioy Casares y lo siento como un escritor mucho más joven que yo. Por otra parte, si vamos a lo espurio y cínico del asunto, Truman Capote publicó “otras voces, otros ámbitos” cuando tenía 18 años. Ahí si podemos hablar de un escritor joven. Yo tengo 32. Por otra parte, antes de Juan Forn, Marcelo Figueras o yo, los escritores jóvenes argentinos tenían más de 40 años. Ahora se baja un poco el requisito de inscripción”.
Los escritores también van al baño
La romantización del oficio del escritor y la bohemia característica, llevan a que se los vea como bichos raros. “Hay una mistificación del escritor, bastante extraña, que no sé a qué responde. Quizá porque es un oficio totalmente atípico en el siglo XX y eso lo romantiza un poco. Lo clásico es el escritor sufriendo, pero los escritores también van al baño. Si hay alguien que sufre escribiendo, es un imbécil. Si lo hacés, es porque te divertís mucho. Escribir es una rara forma de perversión o te estás vengando de alguien, o en mi caso, porque es lo único que hago más o menos bien”.
Esperanto
Dentro de poco se conocerá la primera novela de Rodrigo. “Acabo de entregar mi último libro. La escribí muy rápido. No pensaba escribirla, pero me surgió de golpe en un sueño. Terminé la primera versión en una semana. Estoy contento porque es la primera novela y además tiene una estructura muy divertida”.
¿Cómo se llama? “El título es Esperanto como el idioma. Es el apellido del protagonista, que se llama Federico Esperanto. Es un tipo que dice todo el tiempo ‘nadie me entiende?. Su condena es ser un incomprendido. Son siete días en Buenos Aires durante 1995. Es una especie de policial existencial”.
¿Por qué ese título?: “tenía la idea de escribir un libro, que tenga como título el nombre del protagonista. Me gustan los libros de la literatura norteamericana que tienen el apellido del personaje principal. Todos cuentan la historia de un tipo en picada, al que le va muy mal, cada vez peor. Son apologías del fracaso”
Señas particulares
En cuentos de Fresán, los rockeros predominan sobre los tangueros, la cocaína reemplazó al anís y las mujeres extravagantes suplantan a las señoras de barrio. “Cortázar y Soriano también mencionan la música. Cuando escribo de rock, no hago más que hablar de la música que escucho y la que escuchan los personajes. Hablar de una línea de cocaína en vez de un faso de whisky no te hace un escritor joven”.
¿Para qué sirve Fresán como escritor? “La función social de escritor es brindar historias a la sociedad, porque hay gente que las necesita como válvula de escape o como forma de aprendizaje de formas alternativas. El escritor es una especie de médico brujo de la tribu. Escribo porque si no, me muero. No hago nada bien, soy un torpe absoluto para todo. Desde que tengo memoria, sueño con ser escritor. Mi idea de Dios es escribir”.
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